PERSPECTIVAS EN EL TRATAMIENTO DE LA LESIÓN MEDULAR
Dr. Luis Cuesta Villa
Jefe de Sección del Departamento de Rehabilitación
Jefe de la
Unidad de Lesionados Medulares
Hospital ASEPEYO Coslada (Madrid)
De todos los que trabajamos en
este Hospital es sabido el enorme impacto que causa la lesión medular en el
paciente y en su entorno. Cada caso nuevo nos afecta también a nosotros, los
que los tratamos, de forma especial pesar de los años que llevamos en esto. Nos
encontramos con pacientes en la plenitud de la vida que, súbitamente, pasan a
padecer una gravísima discapacidad y a depender prácticamente para todo de
nosotros y, más adelante, de sus allegados. Desde los tiempos del Dr. Gutmann,
el tratamiento tanto de la fase aguda como crónica de la lesión medular ha
progresado de forma espectacular y permite en la actualidad que los pacientes
tengan una esperanza de vida muy similar a las personas no mielolesas. Sin
embargo, y a pesar de que es perfectamente posible (como la mayor parte de los
pacientes que conocemos puede certificar) llevar una vida plena y feliz tras
una lesión de este tipo, la grave discapacidad y, en mayor o menor grado, la
minusvalía persisten a lo largo de toda la vida. Desde hace ya bastante tiempo
están en marcha proyectos de investigación en diversas partes del mundo a la
búsqueda de métodos y técnicas que curen en sentido estricto la lesión o
mejoren de forma significativa la función de los pacientes.
A finales de la década de los
80 y principio de los 90 surgieron centros, en Rusia y en Cuba principalmente y
mientras se escriben estas líneas parece ser que los nuevos destinos son China
o Portugal, que ofrecían y ofrecen tratamientos novedosos con resultados, a
primera vista, muy buenos y esperanzadores. En una situación en la que la medicina
"convencional" lo único que ofrece son tratamientos de tipo
paliativo, es humano y perfectamente razonable que los enfermos quieran probar
aquello que tanto promete. Con el "no" ya están. Lamentablemente,
aquellos experimentos no fueron con gaseosa sino con champán y del caro y los
nuevos parecen seguir el mismo camino. Caro desde el punto de
vista económico dado que los pacientes pagan cantidades muy elevadas por
recibir los tratamientos, a veces en hospitales en condiciones higiénicas y
sanitarias deplorables y caro, sobre todo, desde el punto de vista emocional
cuando se comprueba que las promesas han sido vanas y no se obtiene ninguna
mejoría clínica relevante.
Todo aquello nos ha dejado a
médicos, personal sanitario y pacientes, con el colmillo algo retorcido a la
hora de valorar las noticias que hablan de tratamientos más o menos
espectaculares para la lesión medular. Sin embargo, desde hace años hay
estudios serios en marcha que dan grandes esperanzas para, en unos casos
regenerar la médula espinal dañada y, en otros, mejorar de forma muy importante
la función de los parapléjicos permitiendo que estos sean capaces de andar de
forma autónoma.
La médula espinal es un órgano
complejo que contiene neuronas, células de soporte (glía) y fibras nerviosas
(axones) que vienen y van desde y hacia el cerebro. El tipo de déficit
producido por una lesión medular depende enormemente del tipo y gravedad de la
lesión, del nivel al que se produce y de las vías nerviosas a las que afecta.
Las alteraciones que se producen en el tejido nervioso de la médula espinal no
se detienen en el momento de la lesión, sino que continúan en las horas que
siguen inmediatamente al traumatismo. La existencia de estas alteraciones
diferidas, de esta "ventana de tiempo", nos ofrece una oportunidad
para intervenir procurando reducir en lo posible el grado de discapacidad
resultante de una lesión medular.
Normalmente, las mayoría de las células del sistema inmunitario no tienen por
qué entrar en la médula espinal. Sin embargo, cuando se produce una lesión del
tejido nervioso por un traumatismo o una enfermedad, las células del sistema
inmune acuden en masa a la región dañada, eliminando los desechos y liberando
gran cantidad de substancias químicas reguladoras, algunas de ellas beneficiosas,
otras no tanto. Con la lesión, se liberan unas substancias con muy alto poder
reactivo: los llamados "radicales libres", que atacan a las defensas
naturales del organismo y a determinadas estructuras celulares vitales. El
traumatismo hace que se liberen en exceso también una serie de
neurotransmisores que provocan a su vez un daño celular por lo que se denomina
"excitotoxicidad", en la cual las neuronas mueren por
sobreexcitación. Si se consigue bloquear de alguna forma la liberación de radicales
libres por un lado y la excitotoxicidad por otro, se puede reducir el daño que
sigue a una lesión medular. Este es el nivel al que actúan los tratamientos
farmacológicos que se utilizan en las primeras horas, fundamentalmente la
metil-prednisolona a altas dosis (el protocolo NASCIS de corticoterapia que
todos conocemos y aplicamos) y que en los grandes ensayos clínicos hechos desde
1990 hasta la actualidad han mostrado una eficacia importante aunque, por
desgracia, sólo en las lesiones inicialmente incompletas.
La lesión axonal - las fibras
nerviosas que sirven de unión entre las neuronas - es la que produce la mayor
parte de los problemas asociados con la lesión medular. Hasta no hace mucho, se
pensaba que las fibras se interrumpían debido únicamente a las fuerzas físicas
producidas en el momento del traumatismo. Ahora se sabe que algunos axones se
rompen debido a ese mecanismo, pero que hay otros que se deterioran de forma
diferida debido a la interrupción que se produce en el transporte a lo largo de
ellos de moléculas y componentes celulares entre un extremo y otro. También
este retraso en la destrucción de los axones da cierto tiempo para intervenir.
Hasta ahora hemos hablado de
intervenciones para minimizar la lesión en el momento de producirse o en las primeras
horas. La regeneración es otra cosa. Para que se produzca tras una lesión
medular, las neuronas deben, o haber sobrevivido, o ser sustituidas. Los axones
deben, además, volver a crecer y unirse a los sitios adecuados mediante nuevas
sinapsis. Aunque la situación que se produce tras la lesión en una médula
adulta es bastante distinta de la que tiene lugar durante el desarrollo
embrionario, los requisitos que se tienen que dar para la regeneración son
parecidos. Cada vez se sabe más acerca de cómo se especializan las células, de
cómo encuentran los axones su objetivo y de cómo se forman las sinapsis en la
médula durante el desarrollo embrionario y fetal. Las neuronas del sistema
nervioso central necesitan la presencia en su entorno de determinadas substancias
químicas denominadas factores neurotróficos. Aunque queda mucho por investigar
antes de poder utilizar estas substancias como tratamiento en la lesión medular
humana, la investigación sobre cuáles son los factores tróficos más importantes
y cómo responden exactamente las células ante estas moléculas, puede llevar a
su uso como tratamiento regenerador de las neuronas tras una lesión medular. A
todo esto se une el estudio del genoma humano que tiene aquí también una
aplicación fascinante. Hace ya algún tiempo se descubrió un gen que impide el
crecimiento de las neuronas adultas. El control de esta inhibición del
crecimiento y replicación de las neuronas es otro camino prometedor. Si muchas
de las intervenciones realizadas hasta ahora colocando injertos de nervios
periféricos, de tejido fetal, de epiplon, o de lo que fuera no tuvieron éxito
se debía a que se estaba intentando reparar una estructura inmensamente
compleja y con conexiones absolutamente precisas de una forma muy burda. Sería
comparable a intentar reparar una central telefónica tras haber sufrido un
bombardeo introduciendo desde el exterior manojos de cable y confiando en que
las conexiones se restablecieran espontáneamente y de forma correcta. Con los
nuevos conocimientos de los que ahora se dispone, llegará el momento (está
llegando ya) en el que sea posible manipular esas señales que se producen
durante el desarrollo con el fin de controlar la regeneración de una médula
lesionada. Siguiendo con el símil de la central telefónica, no sólo introduciremos
los cables, sino también a los operarios y a los ingenieros, que sabrán dónde
va cada cable y serán capaces de interconectarlos. Todos estos conocimientos se
están aplicando ya en modelos animales. Se injertan porciones de nervios
periféricos y tejido fetal o células madre alrededor de la médula espinal
dañada experimentalmente, se añaden factores neurotróficos y se manipula
genéticamente el programa de reproducción neuronal a la vez que se neutralizan
las substancias naturales inhibidoras del crecimiento. La combinación de estas
técnicas ha conseguido ya la regeneración funcional de médulas dañadas en
mamíferos adultos.
En condiciones fisiológicas,
las neuronas del bulbo olfatorio son las únicas neuronas adultas con capacidad
de regeneración. La investigadora española Almudena Ramón-Cueto ha conseguido
que, mediante el transplante de células de la glía envolvente del bulbo
olfatorio, ratas a las que se les había provocado experimentalmente una lesión
medular hayan recuperado la capacidad, no sólo de soportar su propio peso con
las patas traseras, sino de caminar e incluso escalar pequeñas pendientes. Es
un resultado funcional extraordinario, sin duda, pero dejando claro que el
modelo sobre el que se ha experimentado es la rata. Las ratas son cuadrúpedas y
tienen un esquema de marcha más espinal que los bípedos. Además, si se
regeneran vías nerviosas, es muy posible que lo primero que experimenten los
sujetos sea el dolor...
En cualquier caso, y por
pequeñas que sean las mejorías, hay algunas que pueden suponer ganancias
enormes desde el punto de vista funcional: la recuperación de la respiración
espontánea en alguien que depende de un respirador para hacerlo, o la ganancia
de función en las manos y los brazos de un tetrapléjico y la independencia que
eso supone, por poner sólo dos ejemplos.
El futuro de la regeneración
medular vendrá, sin duda, por este camino del transplante. Los resultados son
cada vez más alentadores y conviene que la sociedad en su conjunto presione
para conseguir financiación y eliminación de barreras legales para estas líneas
de investigación. De paso, hay otras muchas enfermedades: Parkinson, Alzheimer,
accidentes cerebrovasculares, diabetes... cuyo tratamiento puede también verse
beneficiado por este mismo concepto de regeneración de células dañadas.
En un plazo de tiempo
probablemente no muy largo (desde luego, lo veremos los que estamos leyendo
esto) se conseguirá regenerar una médula espinal humana adulta dañada.
El enfoque habitual de la
rehabilitación de los pacientes mielolesos es el de modificar el entorno para
mejorar la independencia en las actividades de la vida diaria. Dado que eso a
veces es imposible (sólo la discusión al respecto de las barreras
arquitectónicas nos tendría hablando durante días), otro enfoque intenta
adaptar al paciente al entorno, que permanecería más o menos invariable.
Existen desde hace tiempo sistemas englobados dentro de lo que podríamos
denominar "neuroprótesis", que buscan mejorar la calidad de vida tras
una lesión, bien sea aumentando la fuerza, disminuyendo la espasticidad o
mejorando el control de los movimientos. Estos sistemas electrónicos y
mecánicos se conectan con el sistema nervioso para suplementar o sustituir las
funciones motoras o sensoriales. Entre ellos tenemos desde mediados/finales de
los 80 sistemas entre los que podemos sólo citar el Guante Biónico para las
manos en las tetraplejias, sistemas de ayuda para la marcha como el Parastep y
el RGO (Reciprocating Gait Orthosis), o sistemas estimuladores de las raíces
ventrales sacras para el control del vaciado vesical. Todos ellos buscan, de
una forma u otra, "puentear" los centros nerviosos dañados en la
médula espinal estimulando directamente el músculo o el órgano correspondiente.
La técnica se conoce con el nombre genérico de FES, siglas inglesas de
Functional Electric Stimulation o Estimulación Eléctrica Funcional.
Existe además la teoría de que
la médula espinal tiene una capacidad espontánea de regeneración que estaría
favorecida por el mantenimiento, por medios externos, de los movimientos
normales. Hay muchos estudios en marcha que intentan comprobar que la
regeneración de las estructuras nerviosas, tras un accidente cerebrovascular o
una lesión medular, aumenta mediante el uso forzado de las extremidades
afectadas. La FES
tiene ventajas añadidas a esta teórica ayuda a la regeneración medular
espontánea, ya que mantiene la masa muscular y la densidad mineral ósea, mejora
el flujo sanguíneo periférico, disminuye la espasticidad (aumento anormal del
tono muscular) y mejora la forma física general de los pacientes.
En definitiva, la lesión
medular ha pasado de ser una lesión irreversible y de pronóstico infausto a
convertirse en una lesión crónica que, con la rehabilitación
multidisciplinaria, los cuidados de salud y la eliminación de barreras
arquitectónicas permite ya hoy día llevar una vida diferente, pero productiva y
feliz. En el futuro nos esperan grandes avances en la regeneración medular. El
panorama cambiará, sin lugar a dudas y en un plazo de tiempo no excesivo. Los
avances científicos suelen progresar de forma exponencial y no sería
descabellado pensar que en los próximos 10 o 15 años veremos y viviremos
grandes cambios en este sentido. La esperanza está ahí, claramente, pero a día
de hoy debemos seguir todos: profesionales, pacientes y familias, luchando con
las armas actuales para que los futuros avances nos cojan en la mejor situación
posible.